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domingo, 24 de mayo de 2009

LA DERROTA DE CYDNO

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
pag. 45-49
En la dulzura matinal; la hermosa Eurimedusa y yo combatimos incruentamente sobre la pradera.
Las amapolas y los girasoles aun están mojados de orvallo como de un semen celeste. – La misión del roció ¿no es, en efecto, la de atestigua, centelleantemente , el amoroso misterio de la Noche?
Las demás hermanas, semidesnudas entre gasas, hacen corro en torno nuestro.
Ríen, silban, aplauden, excitándonos con aristofanescos discursos.
La que de nosotras dos resulte vencida; no sentirá, en verdad; gran pesadumbre en su amor propio. Hemos apostado en broma: La vencedora cabalgará a su rival, en sesión solemne, en la sala de los cuadros vivos, bajo la mirada burlona de las esclavas etíopes.
Yo soy más corta de talle y más feble que Afrodita Eurimedusa. Y, no obstante, he sido yo quien la ha provocado, a gritos, en el baño, mientras las masajistas nos frotaban la piel con el estrigil de aluminio. El motivo ha sido bien fútil: Una masajista, sin duda en su afán de preservar todo su cuerpo contra la acción inexorable del tiempo, tenía hundida la cabeza entre sus piernas, so pretexto de examinarles bien la gruta húmeda y deliciosas de su vulva, para proceder luego al masaje del divino remanso. Pero yo, que ya no podía resistir más el enfado que me esperaba de Eurimedusa, para hablar con ella, sea como fueres, tomé esta liberalidad, un poco equívoca, por un acto reprobable, y, montando en fingida cólera, le reto a singular combate.
No me creáis por esto valerosa. Es que… conozco bien la cuerda sensible de Eurimedusa, la de los brazos musculosos. Como tiene las piernas cortas, cuando estamos en pie la una contra la otra, mi aguijón llega a la altura de su vitrina y, casi masculino de audaz, pica en la rosa viva de su sexo, mientras la miro irresistiblemente a los ojos. Pero… la pobre Eurimedusa es la más rápida de nosotras en el advenimiento del placer, cuya verdadera felicidad consiste en ser un poco lentas. Pierde la cabeza, le dan vértigos, exhala el alma entera, apenas se le toca en el punto flaco con la lengua o con un juguetillo sáfico.
Luchamos, coronadas de oliva silvestre y ungidas de un óleo de Jonia, que tiene el aroma penetrante y subversivo del purpúreo clavel.
Pero como la violencia agresiva está desterrada de nuestra Orde, el combate se desarrolla por modo harto muelle y caricioso. Estrechamos nuestras piernas; juntamos nuestras mejillas encendidas – a veces, nuestras lenguas jadeantes, rozando la piel de la adversaria, en un suave cosquilleo más decisivo para la victoria que un zarpazo o una zancadilla- ; nuestros brazos ciñen el talle rival o se contraen afanosos contra las nalgas esquivas. Las cupulillas de los senos también luchan, rozándose estremecidas y graciosas, como palomas que jugasen con el pico. Únicamente los sexos no se unen, y eso bien a pesar mío, que lo intento multitud de veces, en vano.
Eurimedusa está muy recelosa y evita, sobre todo, mi golpe favorito. Sin embargo, un beso de su dilecta Onfalia en la tetilla izquierda de la soñadora Perséfona, la distrae momentáneamente.
Presto, mi aguijón pica la rosa de mi rival, que empieza a desasosegarse. Entonces hundo mis dos piernas entre las suyas, que se apartan casi sin resistencia, presintiendo el goce. Y ella sin querer, instintivamente, y yo queriendo, iniciamos una frenética rotación de caderas, un abrir y cerrar de muslos convulsos, un angustioso contacto de senos, una divino mescolanza de lenguas –tales, que hay un momento en que ambas parecemos indistintamente la vencedora y la vencida. El espasmo es inminente ya. Requiriendo todas mis fuerzas, alzo en vilo a mi pesada contrincante. Más ¡ay de mi mí! Durante un segundo, no más desaparecen todos mis belicosos arrestos.
He sido tan franca en la liza, que, olvidándome del objetivo principal, he perdido el reposo del sexo en tanto intentaba hacérselo perder a mi rival, y cuando intento el esfuerzo supremo, el placer, desbordante y avasallador, me deja inutilizada para lograrlo… Mis piernas flaquean y caigo hacia atrás, sobre las flores pisoteadas.
Eurimedusa está sobre mí, risueña y victoriosas. Mis hombros han tocado la hierba.
Estaría escrito, Cydno, derrotada y violada, hará esta noche, en el salón de los cuadros vivos, las delicias de nuestras fornidas sirvientas negras.



jueves, 12 de junio de 2008

LA REFORMA

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
pag. 53-55

Safo, se me ha aparecido en sueños. Ordenándome reformar la Regla. Ya no volverás a hallar ¡oh frine! Por mucho que lo busques , el penetrante olisbo del padre aristofano.

Esta mañana, con el alba mientras vosotras dormías el sueño profundo que sigue a la extenuación del placer, que se consigue a toda costa, he bajado a la playa por la alameda de las granadas, y atando a una pesada piedra, he arrojado, desde el bosquecillo de Hylas, a la espumosa onda, el Príapo de cuero, ese instrumento de humillación y de tortura.

No pienses tampoco en el fino dedo de tu primita Aspasia, porque también queda prohibido.

El beso y la copula son suficientes para nuestra felicidad. También la lamida es una perversión superflua. Y además… la han degradado las señoras burguesas de Salónica, poniéndola de moda, y los obreros de Smirna practicándola con fines utilitarios para no tener hijos.

Acostaos, una sobre otra o de costado ambas, enlazadas; que cada boca sea para la lengua afilada de su amiga como la vaina es para la espada. Lugar adecuado donde reposa en tanto que el efecto no se empaña por el enojo; acoplad vuestros senos púgiles y que los pezoncillos afresados sean como dos agiles nautas enemigas que, enhiestos en la proa de sus respectivas embarcaciones, se entrelazan luchando, durante el abordaje; fundid vuestros sexos de manera que la de aguijón mas desarrollado y versátil lo prenda como un garfio en la vulva de su dulce víctima, precisamente como prende su garfio el pescador de almadraba en el molusco.

Bocas incendiadas de besos, pechos henchidos de deseo; manos agiles y lentas tenaces y ubicuas al mismo tiempo, que abarquen todo el cuerpo de una sola caricia, así como la piedad del molino, girando, acopla toda su masa al silla del basamento. Fusión armónica, natural y perfecta de cuerpos y de almas, tal es la copula grata a la divina Safo.




sábado, 5 de abril de 2008

NUPCIAS

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
pag. 35-38

Une tan particular amistad a la rubia Antígona y la morena Polyxena, que he resuelto consagrar definitivamente esta cópula ininterrumpida.

La ceremonia se celebra a estilo antiguo pero sin el menor prurito de exactitud. Seamos artistas, pero no arqueólogos. Mi fantasía dirige el protocolo, en el Palacio Sáfico.

Polyxena, coronada de violetas, desempeña solemnemente su papel varonil, sentada en la Gran Sala del Amor, sobre el trono de los misterios.

Las paraninfas le llevan a su Antígona, a la luz de los hachones, y al dulce son de las flautas y cítaras.

El anillo de desposada luce un rubí índico, extremadamente vivo, que es una alusión harto significativa al acto que va a realizarse.

Safo, nuestra inspiradora, y el gran Pan, son los únicos dioses que adoramos, y ellos no quieren inmolaciones cruentas. Así pues, me limito a ofrecerles algunas estrofas que he compuesto recientemente, y que entono en tanto que mis alumnas desnudan y bañan a las novias, perfumándolas… y haciendo, de paso, alguna pequeña trampa libertina en sus cuerpos, que esperan el Himeneo.

Luego, todas desnudas y fragantes, nos sentamos al banquete de la boda. Yo veo, yo oigo a safo misma p, copera encantadora, que, invisible para los demás, escancia vino de Cypre a Polyxena y Antígona, murmurándoles risueña:¡Que seas muy felices!

A los postres, brindamos por los senos de Antígona, la blonda esposa y por el envite magnífico que caracteriza a Polyxena, la morena.

Luego conducimos enlazada a la pareja hacia la cámara nupcial, y en la puerta parodiamos el juego tradicional de la defensa y el rapto: Deyanira y su grupo de amigas fingen enamorarse de Antígona. Polyxena, alentada por el esfuerzo de sus adictas, repele el ataque. SE entabla la lucha. La mayoría de las combatientes siéntese dos o tres veces poseída por el espamo lesbiano, en la incruenta zalagarda.

Por último Polyxena, victoriosa, se encierra con su Antígona en la alcoba, colocando a la puerta, de centinela , a una esclava negra de horroroso semblante.

Entonamos un epitalamo de secular estilo.

Un grito nos interrumpe: Es Antígona

A la que no sabemos que habrá podido hacerle su poseedora para que represente tan quejumbrosamente su papel de desposada…

sábado, 16 de febrero de 2008

A UNA REBELDE

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
PRIMER FRAGMENTO pag. 32-34



Dicenme que repugnas mis súplicas, ¡oh pálida Hipólita! El padre Aristófano asegura que quieres conservarte casta.

¡Vana ilusión la tuya, inocente!

Has de saber que mamá Naturaleza se recrea en provocar y ver cumplidos los éxtasis, los arrebatos, los espasmos de las adolescentes enloquecidas. Y la Naturaleza es la más fuerte. No hay mujer – ni aun las feas, y tú eres adorable, ¡oh Hipólita mía!-que escape al poder avasallante del Deseo.

Cuando esta noche te recojas en tu lecho de célibe, piensa en mí antes de dormirte. Piensa en mí perfil mate, de un dibujo perfecto. Piensa en mí cabellera, que tiene el matiz suave de las violetas entre el musgo, el ocaso y que ondula sobre mi frente pequeñita de gozadora.

¡Piensa en mi negro entrecejo profundo. en mis ojos verdes que enrojecen en la borrachera de la cópula y en la violenta sonrisa de mi boca infatigable!

¡Piensa en mis senos altivos que hinchan mi veste de púrpura!

¡Piensa en mis brazos frescos y en mis muslos quemantes!

¡Piensa en mis dedos ágiles de tocadora de lira!

¡Piensa en mí íntimo tesoro, casi hermafrodita!...

Y mañana, al despertar, estarás exquisitamente ojerosa, ¡oh Hipólita, amiga de las vanas quimeras!

Entonces vendrás al Palacio Sáfico, llamarás a la gran puerta del parque, y mis discípulas, tus camaradas, arrojando rosas bajo tus sandalias, cantando nuestro epitalamio, te escoltarán hasta la terraza, donde yo, tu Cydno erguida y gloriosamente desnuda, desafiando al sol, te tenderé los brazos.

sábado, 29 de diciembre de 2007

EL JURAMENTO Y LA RECOMPENSA

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
PRIMER FRAGMENTO pag. 23-27

Inopinadamente, un soldado turco nos ha provocado exhibiendo su Príapo de toro. Pero nosotras hemos desdeñado a este bárbaro de torpe mirada, y hemos seguido haciendo proyectos para el futuro, mientras subimos la colina.

Las doce discípulas más jóvenes abren y cierran la marcha, enlazadas por parejas.

Mientras mi mano derecha acaricia el tesoro rubio de Deyanira y mi izquierda los senos de Berencie, exclamo con voz grave, contemplando la luna:

“! Adoremos a Safo, Nuestra Señora! Juremos permaneces inaccesibles al varón!

“Safo me inspira, y me oye: la divina Safo, coronada de violetas, nos suplica – Sao no exige – que conservemos nuestra virginidad.

“ Y si el ansia de ser traspasadas amorosamente, atormenta, por ventura, a algunas de vosotras, sabed, pequeñas mías, que en mi palacio de las Mujeres tengo exquisitos instrumentos que aliviarán vuestra dolencia: En el cajoncillo más recóndito de mi mesa de trabajo, reposa, largo, gordezuelo y elástico, del color del cinabrio, el “olisbo” que me regaló el padre Aristofáno (I). “Además, mis servidores cuidan de las caballerizas varios lustrosos borriquillos de El Cairo, cuyas gracias están enguirnaldadas derosas”

Deyanira se desvanece contra mi pecho palpitante.

Berenice obliga a descender el índice de mi manos izquierda.

Continúo:

“El culto de Safo nos dará la felicidad. Mientras veamos la luz, mientras respiresmos el aire saludable de nuestra Lesbos natal, gocemos sus delicados entretenimientos, sobre los blandos almohadones, entre las sedas y la muselinas francesas.

(I) El padre aristifono, sacerdote dl rito griego, conocía a cydno desde que, en la pubertad, la tuvo en su Sanatorio de la isla de Rodas. Con cydno mantuvo siempre amistad fraterna, y era quien proveía en todo momento de “olisbos” y otros instrumentos recocijantes, y sobre todo, quien, valido de sus influencia en el mundo de las personas normales, le enviaba constantemente nuevas adeptas a sus Palacios de placer a cydno.

“Juremos,hijas mias! Y Después, demos al viento el olvido el miedo a envejecer, las inquietudes, los pesares, bebiendo el vino de Chipre, en la terreza, frente al mar”

Regresamos.

Ya en la casa, mis alumnas se arrodillan en torno mío, sobre la hierba aterciopelada de mi parque.

Unicamente yo permanezco de pie. Mis ojos verdes no se apartan de la luna , de oro sobre el otero.

Entonces solemnemente profiero la fómula sagrada del juramento:

“¿ Safo, décima musa, sublime y tierna! Jurmamos pertenecerte y seguir fieles a tu religión, hasta la muerte!

Mis educandas, obedientes, formando un coro encantador, repiten mis palabras:

¡Oh safo, décima musa, la sublime, la tierna! Profesamos tu religión y moriré mos en ella”

Cydno les debe una recompesa. Comovida, ordeno:

¡”De pie, y desnudas”!

Cuando han cumplido mi mandato, me arrodillo a mi vez, por un momento, ante cada una de ellas, y voluptuosamentem confundo mi aliento con el de sus nidos intactos.

lunes, 26 de noviembre de 2007

LA PRECOCIDAD DE GYRINNO

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
PAG. 118-120

Ya no hay verdadera infancia.

Mi amiga Baukis, la viuda de aquel obeso mercader que tanto nos regocijaba con su obscenidad glotona, tuvo que ausentarse la semana pasad, y al parir para el Asia Menos, meconfío su hijita de nueve años, Gyrinno.

Maternalmente acogía a la pequeñita en mi lecho, sin ocuparme de otra cosa que velar con las sábanas su inocente impudicia. Pero he aquí que de súbito me despierta un cosquilleo delicioso.

Azul, bajo el claro de luna que nos posee entrambas, desnuda sobre mi vientre, que ella ha descubierto con gran sigilo para no desvelarme, la niña me hace la suprema caricia, mejor, si cabe, que Deyanira o Atalanta…

A su regreso, Naukis me interroga risueña:

-Que tal ¿Gyrinno ha sido prudente?

Entoces, ruborosa, le confieso, a media voz, los sucedido… Baukis me interrumpe, entre dos besos ardientes de tórtola:

-Tranquilízate, querido Cydno. Soy yo quien la ha educado…

Por su parte, la sutil Gyrinno tiene disposiciones no menos felices que las de su maestra.

Esa misma noche nos acostamos las tres juntas. La parvulilla nos admira con sus invenciones.

Sus nueve años saben más de la ciencia amorosa que las nueve musas del saber divino y humano. Nos pasa los labios a su madre y a mí por los treinta y ocho lugares del cuerpo que más sensibles son a la caricia de una boca generosa y experta.

Y su intuición del placer nos enloquece con la prudente simultaneidad que sabe Gyrinno poner entre los halagos de su lengua y los escarceos de sus dedos agiles y errantes.

Finalmente, en el ambiente hechizado y perverso de la alta noche, próxima ya la aurora, la sentamos sobre los almohadones como un idolillo desnudo, y la adoramos, turnando…

Aún me parece verla: Sus ojos desmesuramente abiertos, lucían como dos esmeraldas enorme; diríase que querían salírsele de las orbitas.

jueves, 15 de noviembre de 2007

!POR FIN HE POSEIDO A MAUD!

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
PAG. 82-85
imagen de
http://photo.net/photos/Elena%20Vasilieva

CYDNO ha obtenido una vez más la victoria!

¿Cantad en coro, mis Sirenas, en acción de gracias, a Safo nuestra diosa!

Maud obstinábase en rehusar. Entonces, su Fanny, mi cómplice, ha vertido en su copa el narcótico egipcio…

¡como gritaba anoche, al despertar, en mi lecho! Diríase una tórtola bajo la zarpa de un buitre…

La primera vez hube de poseerla a la fuerza. U aun después de consumado el acto irrevocable, no bastaron mis besos y mis caricias a la reconciliación.

Maud, irascible y enigmática, a pesar de haber gozado igual que yo bajo mi fuego, aprovecho un momento en que la solté para fingir junto a ella que lloraba su desvió, y saltó del lecho.

En lugar de huir, como yo temía, se dedicó a buscar algo por la estancia. Yo la miraba atónita.

ELLa con su voz adusta: ¿Dónde guardas las disciplinas?

Yo temerosa y en el fondo encantada:

¿Qué pretendes hacer, vida mía?

Ella: flagelarte hasta verte sangrar. Quiero castigar tu osadía y, sobre todo, la manera traidora como me has conseguido.

Tomó las disciplinas, y yo, sumisa, sometí mi torso al castigo, mientras hundía el dedo omnisciente de mi mano derecha en las profundidades de mi sexo rendido.

¡Como me flagelaba! Las puntas de las disciplinas multiplicábanse sobre mi espalda, sobre mis nalgas, en mi entrepierna y en mi seno, incrustándoseme en las carnes hasta hacerme sangrar.

Tras el dolor de los primeros golpes, comencé a sentir la delicia indescriptible de una posesión que consumasen sobre una cien bocas diminutas simultáneamente. Ya he dicho el empleo que hacia de mi diestra, ahora frenética por arrancarme el goce. Mientras, mi mano izquierda, en vez de esquivar los latigazos de mi hermosa martirizadora, se debatía a lo largo de todo mi ser, queriendo multiplicarse como las disciplinas, en una caricia consoladora del tormento infligido.

Cuando ya no podía resistir mas la aniquilante fusión de tortura y delicia, cuando gritaba loca, suplicando a Maud que acabase de matarme, ésta cayó sobre mí anhelante, desorbitados los ojos, temblorosos los labios, y entre besos furiosos y caricias que eran como zarpazos, me poseyó tres veces, aprovechando los intervalos para mimarme como a una convaleciente, en una enternecedora reconciliación.

Toda la noche la hemos pasado juntas.

Y no recuerdo otra en que haya gozado mas desaforadamente, en mi vida.

Ahora… Hace un momento, Maud, insaciable, me flagelaba todavía para exitarme a cabalgarla una vez más.

jueves, 5 de julio de 2007

EL BAÑO

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
PAG. 167

Cydno no es exclusivamente una sensual amiga de los actos consumados. Gusto también de las contemplaciones puras, de las inquietadoras insinuaciones, de los ligeros goces sin trascendencia.
Y la hora de mi mayor deleite es la del baño general.
¡Como gozo admirando las blancas carnes desnudas, que adquieren bajo el agua una luminosidad láctea, como si los pies, los muslos, las grupas y los senos se envolviesen en sutiles velos de luna y de plata!
Una de mis travesuras favoritas es hundirme por completo en el agua y bucear hasta asomar la cabeza por entre los muslos de alguna de mis alumnas, a la que sorprendo distraída en besar los piquitos de paloma que semejan los senos de otra hermana tendida en cruz sobre la superficie de la piscina.
Otras veces soy yo quien se tiende sobre el agua, y espero a que dos de mis vírgenes traigan en voladas, sobre sus hombros, a una tercera, deteniéndose el grupo a la altura de mi boca. La elegida, ingrávida, abre sus piernas y presenta a mi sed insaciable de emociones el tesoro húmedo de su sexo, fresco y palpitante como una ostra abierta… Cuando ya no puede sostenerse más tiempo en equilibrio, agitada por las convulsiones del deleite, y va a caer sobre mí, sus palanquinas se la llevan y le dan un chapuzón en el agua… para que se refresque.
¡Delicia del baño meridiano! ¡Mi única tortura es el vasto deseo que siento de ser el agua de la piscina para poseer simultáneamente, con innúmeras bocas y manos, a todas mis alumnas!

lunes, 25 de junio de 2007

NAUSIKA LA INTRUSA segunda parte

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CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
PAG. 115
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http://www.brunobisang.com/gallery04.html

Una explosión de risas y palabras de júbilo me interrumpe.
Es Nauska, que, escondida en la copa del sicomoro, me observaba.

Nausika brinca hasta mi estancia con agilidad, está desnuda. ¡Qué frescor de náyade! Está recién salida del baño, y aun tiene gotas de agua entre sus cabellos.

Yo, tendida, sin hacer movimiento alguno, la espero. Trepa a mi lecho, ábrese de piernas y arrodillada sobre mí, sin tocarme, posa sus labios ligeramente en los míos ansiosos. ¡Qué deliciosa sensación la de las perlas líquidas que se desprenden de sus largas pestañas y resbalan sobre mis mejillas.

Luego, juguetona, apoyando sus manos junto a mis costados, procura que las gotas de agua que caen de sus rizos se detengan en mis pezoncillos de virgen. Y sus movimientos para conseguirlo son graciosos, como los del almendro en flor blandamente estremecido por la brisa.

De las colinas de mis senos, el juego desciende hasta el valle perfumado de mi sexo, Entreabro los muslos, y Nausika con sumo cuidado, exprime sus cabellos manantial de dicha. En mi ya larga vida erótica es ese el unico gotear extraño que ha invadido mi sexo omnisciente.

Cuando el dulce suplico es ya irresistible, arteramente ciño la fresca nunca de mi náyade con mis piernas , y la obligo, atrayéndola de improviso, a hacerme el más rendido de los homenajes, posando sus pequeños labios glotones en mis grandes labios ardientes…

Ahora cae sobre mí. Ya me posee y me domina, casi viril. Y me demuestra cómo hasta el dedo omnisciente de Cydno es inferior en amor a un clítoris como el suyo.

domingo, 24 de junio de 2007

NAUSIKA LA INTRUSA primera parte

COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
PAG. 115
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Un Lánguido suspiro me acongoja largamente, Me despojo de la túnica violeta y me tiendo en el tálamo, completamente desnuda, bajo la exhalación de los cálices entreabiertos, la fiebre melodiosa del pájaro y el beneficio tentador del astro.

Y así, me amo, solitaria – momentánea discípula de Onan- pensando en las pupilas estiradas de Berenice, hasta bien entrañada la mañana…

¡Y cómo me amo! ¡Como me posee mi mano infatigable! Es primero un roce suave a lo largo de mis flancos, en torno a mis senos, que comienzan a erguir sus fresas. Mis piernas se estrechan una contra otra. De mi boca escápanse suspiros y besos, que, cuando llegan a mis oídos, como si saliesen de otros labios, me embriagan de alegría, sintiéndome realmente amada por un ser invisible…

Es, luego, un jadear de lucha imaginaria; un duplicarse de mis piernas enroscadas, que se atenazan mutuamente; un apretujar de senos; un oscilar angustioso de caderas… Gritos, besos frenéticos que son apagados por ellos mismo, golpear con la palma de la mano libre sobre mis muslos y mis ancas…

Y por último, el cuerpo, tenso como un arco, pierde todo movimiento; queda completamente rígido, como en una catalepsia. Se prolongan los pies hasta el borde del lecho. Los ojos de Cidno poseída se cierran para ver a Cydno posesora, y los muslos se aprietan horriblemente, teniendo entre ellos prisionera la mano sabia e infatigable que durante la divina y terrible tarea, no ha cesado un momento de oficiar su aniquilados misterio en el ara de Onan, el solitario…

jueves, 21 de junio de 2007

de lo que se pierde el mundo!!!

Estos son fragmentos que al alcance a anotar de mi programa de radio favorito
El hombre se llama Manolo Espinoza y emite los domingos en radio Michoacán un progama llamado vuelo nocturno.
Un programa PERVERTIDO HASTA MAS NO PODER CON MUSICA SUCULENTA POR DEMAS EROTICA, ESTOY TRATANDO DE CONTACTARLO PERO COMO LE HACE A LA MOTA Y A LOS HONGOS PUES LA VERDAD ME DA COSA TANTA MENTE ABIERTA EN UN PUBERTO TREINTON
Pero su programa es poca madre!!!


PROMETO CONSEGUIR TODO LO QUE PASA AHÍ ASI COMO SACAR BIEN LOS DATOS DE LOS ESCRITORES QUE ÉL LEE POR QUE NO QUIERO DEMANDAS


Si tuviera que pedir un deseo
Desearía un beso que comenzara en tu lengua
Y montado en un deseo tuyo
Cabalgara en mi vientre…


Yolanda Martínez

Abre la boca
Dame tu lengua
Adáptame tus labios
Y yo…
Te doy la mía
Ahora, olvidemos el cuerpo
Apaguemos los ojos
Y vamos permitiendo
Que ellas gocen a solas
Sus revolcamientnos,
Cambiando salivas
Que punta con punta cohabiten
Como dos moluscos en lucha agresiva
Hasta que se cansen
Hasta que se rindan
Hasta que se zafen
Y babeando regresen a sus propias guaridas
Es que hay besos que valen mucho más
Que un coito completo
Porque son tan carnales deberás..
QUE DEJAN LAS BOCAS CON DOLOR DE CADERAS



Elia Landino

lunes, 18 de junio de 2007

DOS MUJERES


Ahora les dejo uno de los favoritos de mi novia, ojala les guste ya es mas modernon que cydno
Dos mujeres
sara levi calderon
editorial diana
pag 60

“DOS MUJERES”, pensé con todo mi deseo a flor de cada poro. Mi boca se detuvo en su cuello. Bajé por su vientre, retuve sus caderas. Ella acercó sus senos a mis senos, a mi cara, a mi boca; lamió con su lengua mi cuello. Volvimos a las bocas reconociendo nuestras lenguas. Las palpitaciones de mis sienes se transportaban a mi sexo. Los caballos, oh dios, galopan a la velocidad del viento, de sus hocicos brotan llamaradas al rojo vivo. Nuestros cuerpos danzan,
-Qué fuerte siento contigo – susurró
-deseo hacerte mía: volverme tuya-musité a su oído.
Mi lengua perturbada recorre sus senos, sus pezones inflamados su vientre liso, se interna a su vulva: está hecha de musgo fresco. Destellos plateados caen sobre un mar plumbago. Me siento fuerte, ilimitada.
-Le temo al vértigo- dijo
La tierra se vuelve líquida. Nos detenemos la una de la otra. Reconoce su sabor a través de mi boca… Los leños regurgitan secamente mientras nuestras voces se dicen coplas. Una voz urbana clama: te amo. Esa voz es mía y de nadie más.

viernes, 15 de junio de 2007

LA INICIACION DE CLOE

La luna llena es la sultana de los alrededores de Mytilene.
Las estrellas han desaparecido. Una claridad malva, que se derrama de Selene, envuelve y transfigura el paisaje.
Casi desnudas, en la explanada del Juramento, danzamos una ronda lasciva en torno a Cloe la neófita
Apenas tiene trece años. Sus flancos escurridizos de Ganimedes, contrastan con sus senos de naciente pujanza.
Tiene los ojos vendados y blande amenazante un caduceo florido de violetas.
De súbito exclama:
-¡Alto!
El corro se detiene. Nuestros corazones palpitan acelerados. ¡Figuraos! Aquella a quien Cloe toque con la varilla, le dará la primera lección ¡Que dicha! Cloe tiene el temblor incitante de las cerezas y la frescura primaverana de la rosa.
La suerte favorece a la cimbreña Atlanta. Celosa, Deyanira susurra:
-Cloe ha hecho trampa ¡Ha mirado!
Las demás, más prudentes, hacemos florecer en risa nuestro desencanto. –Tiempo habrá de todo…- Seguidamente, dispongo entrar a la casa, a la Gran Sala del Amor.
Sobre el hecho, que se abre en el centro de la estancia, expectante, rutilan las lámparas fantásticas. El decorado es bien simple, aunque suntuoso. Tapices de sedas maravillosos recubriendo las paredes arteciopeladas alfombras, de pagados tonos, por el suelo. Aquí y allá grandes almohadones profundos, incitadores a la molicie. Y por doquiera, rosas, vivas o deshojadas, que expanden, bajo toda la gama de los matices, la diversidad de sus aromas
Completamente desnudas ahora, rehacemos el corro, mas lascivo, casi frenético en torno a las protagonistas de la iniciación.
¡Que cabalgata! ¡Que cosquilleo en los senos y en la planta de los pies! ¡ Que frotamientos, doctamente graduados, de muslos y de brazos!
¡Que jugueteo terrible de dedos y lenguas dardeantes! ¡ Que efusión de besos! ¡Que fusión de cuerpos febriles! ¡Que acoplamientos de almas!
Cloe, bajo el divino calofrío supremo, suspira tres veces seguidas:
-¡Me muero! ¡Ay, me muero! ¡Piedad, Atlanta! ¡Adorada mía, que me matas!
La catecúmena tiene bastantes disposiciones para el rito. Ahora le llega la vez de cabalgar a su maestra de placer, y Atlanta muestrase de ello, a lo que parece.
Ha terminando la ronda. Cada una de nosotras busca su pareja, y así, dos a dos, hacemos verdaderas locuras, sobre los tapices cubiertos de rosaos, en torno al tálamo sagrado.
La solemnidad de esta noche nos hace apartarnos de las prácticas usuales. Los ojos y las manos se cierran para lo vulgar. Y Las predilectas de Safo velamos hasta el alba.
Yo me consagro en cuerpo y alma a hacerle a Cloe el examen acostumbrado.
La aprendiza, ruborosa, pero resuelta, aplicase a mostrarme, solicita, cuando Atlanta acaba de revelarme.
Luego procedemos a votar su recepción. Y queda admitida por unanimidad… con mención honorifica.
Para terminar la velada, nos regalamos con fresas silvestres, que cada una de nosotras toma con los labios del lavafrutas viviente de su compañera más próxima…

Dios por que no vivi con Cydno... divertidota que me hubiera dado...

jueves, 14 de junio de 2007

SUPREMA HUMILDAD

Autoras de libros hay muchas, pero creo que entre las más desconocidas y mas pervertidas esta Cydno de Mytilene les dejo algo de ella.
COLECCIÓN DE RAROS Y EXQUISITOS
CYDNO DE MYTILENE
LAS CANCIONES LESBIANAS
PAG. 29

SUPREMA HUMILDAD
Xantipa, la de los duros senos, mi alegría única es sentir tu piel fragante contra la mía.
Nuestras veladas pasan vertiginosas y no son suficientes para calmar el deseo de ti que me posee. Me abraso por tenerte junto a mí a todas horas.
¡Quien fuera la onda donde te bañas, la esencia que perfuma tu espalda gordezuela, el amuleto que roza tu garganta – que empieza en la fresa de tus labios y termina en las fresas de tus senos- quién fuera tu collar, el espejillo secreto donde te miras el sexo, o tu camisa!
¡Oh, que felicidad si, por una metamorfosis del viejo Ovidio, pudiera convertirme en tus sandalias! Me oprimirían tus pies blancos como la nieve, sintiendo sobre mí la graciosa carga de tu cuerpo entre martirios deliciosos.
Pero acerca tu rosada oreja para decírtelo en voz baja mi aspiración suprema es humillarme a ti más todavía, Xantipa, la de los duros senos. Yo muero en el ansia de ser los humildes lienzos con que enjugas el fluir mensil de tu herida mas intima.

ahora vengo a decir... no estoy lista para dedicarle mi  hermoso tiempo a alguien pero vengo a confesar... me gustan mayores ....  jojojo